¡Quiero éxito en mi vida!

•noviembre 12, 2007 • 15 comentarios

Exito

A los cristianos también nos gusta tener éxito en la vida: como profesionales, como hijos, como padres, como esposos, como novios, como amigos, como líderes, como servidores, como casi todo en lo que nos involucramos voluntariamente y con mucho gusto. Un cristiano maduro promedio tiene gran conocimiento de la Bilbia, practica un buen número de convicciones éticas y morales que con seguridad lo distinguen en cualquier lugar donde viva porque en este mundo abunda más la “oscuridad” que la “luz”.

Está bien que un cristiano desee tener éxito en su vida: la Palabra está llena de promesas de bienestar, abundancia, prosperidad y gozo para los que buscan a Dios. Solo que es útil de vez en cuando recordar que en la vida cristiana el éxito es la consecuencia de hacer la voluntad de Dios, y no al revés. Se puede decir que lo más importante para el cristiano debería ser que Dios tenga éxito en su vida (su Palabra, su manera de hacer las cosas, sus propósitos, sus sueños). Y sería negativo pensar que en muchos cristianos alrededor de todo el mundo, en la mayor parte de sus vidas, no es así. El Señor tiene éxito en sus planes, pero desgraciadamente a veces no dejamos que tenga éxito en ciertas áreas de nuestra vida.

Jesús nos enseña a orar: “Que se haga Tú voluntad en la tierra, así como en el cielo” (Mateo 6:10). En el mundo las personas no andan buscando cuál es el deseo de otros para sus vidas, no van por ahí preguntando “Papá, ¿qué quieres que haga con mi vida?” Más bien las personas buscan realizar sus planes, sus sueños individuales y en esto, y solo en esto consiste el éxito.

Dios invita a sus hijos, a sus amigos, a un éxito superior, sueños superiores, más frutos. Solo que cuando nos habla necesitamos “ablandar” el corazón, dominar nuestro impulso de hacer lo que ya habíamos planeado hacer en primer lugar antes de conocer lo que El quiere que hagamos:

“Por lo cual, como dice el Espiritu Santo: si oyereis hoy su voz no endurezacais vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, donde me tentaron vuestros padres; me probaron a pesar de ver mis obras durante cuarenta años”. (Hebreos 3:7-9, RVR)

Cuando me pasa que llevo años luchando por sueños o metas espirituales que no acabo de alcanzar, y me preocupa, y requetepienso por qué incluso otros han tenido éxito en esa área, me conviene añadir a estos pensamientos en qué cosas Dios lleva años tratando de tener éxito conmigo y no lo he dejado. Puedo ser muy maduro en algunas áreas, estar lleno de dones y sin embargo en otras no querer aprender, no querer oir consejo, no querer obedecer estrictamente las instrucciones porque vienen de gente con menos dones.

La Biblia describe este corazón con exactitud en : “… siempre andan vagando en su corazón, y no han conocido mis caminos” (Hebreos 3:10, RVR)

El término vagar es exacto, dar vueltas, no llegar a ninguna parte, no saber qué hacer, estar lleno de incertidumbre. Y el resultado, quedarse fuera del proceso que produce los frutos que Dios quiere y que nosotros también esperamos.

Como con aquel pueblo de Israel rebelde, Dios se siente frustrado con nosotros cuando nos ve buscando nuestro éxito separado de El. Pero, a veces, sí le tenemos miedo a los planes de Dios, porque sentimos que los nuestros nos van a dar más satisfacción. Cuando le oramos a Dios, si le pedimos “Señor, ten éxito realizando tus maravillosos planes en mi vida” sería lo mismo que “Que se haga tu voluntad”.

Y sí, quiero tener éxito en mi vida, lo cual significa que Dios se lleve TODA la gloria.

por Linney

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“Me ha enviado a sanar los corazones…”

•octubre 25, 2007 • 1 comentario

“el espiritu del Señor está sobre mi, porque el Señor me ha consagrado; me ha enviado a dar buenas noticias a los pobres y a aliviar a los afligidos” (Isaías 61:1)

Corazón herido

Hay muchas escrituras de la Bilbia que se usan para revelar y confrontar el pecado, otras para instruir, inspirar confianza en Dios. Esta es una escritura para animarnos cuando, a pesar de conocer a Dios y creer en Jesucristo, las cosas nos han salido mal y no hemos reaccionado de la mejor manera. Sé que Dios me consolará en mis problemas, sobre todo si he sido fiel. ¿Pero cómo realmente me siento cuando he metido la pata bien lejos, actuando mal, dejándome controlar por sentimientos negativos, odios, maldad?

“…me ha enviado a consolar a todos los tristes, a dar a los afligidos de Sion una corona en vez de ceniza, perfume de alegría en vez de llanto, cantos de alabanza en vez de desesperación.” (Isaías 61:2-3)

En los evangelios vemos  a Jesús acercándose a personas rechazadas, estigmatizadas. Toda esa bondad del maestro la admiramos en las Escrituras, y las enseñamos a otros como parte de su carácter amoroso, y hasta las queremos imitar, si somos cristianos. También necesitamos tomarla para nuestra propia sanidad interior. Cada uno de nosotros está necesitado de consuelo, ternura, y perdón después de momentos muy dolorosos en los que no fuimos tan “buenitos”. El arrepentimiento que Dios espera no tiene nada que ver con hacernos daño psicológico  y emocional. Cosas como: otros pueden cambiar, yo no. Cualquiera menos yo merece bendición, soy un incapaz, un inútil. Siempre me van a rezachar… a la larga me van a decepcionar, a abandonar…El Señor quiere sanarnos por dentro, las emociones dañadas, los complejos, las inseguridades, y conceptos equivocados sobre nosotros mismos, y sobre el amor infinito de Dios, que nos disminuyen como seres humanos.

A los que tendemos a quedarnos detenidos por un tiempo en el sentimiento de la culpa por los errores cometidos, ¡animo! El Señor no me condena cuando no puedo controlar mis emociones  y reacciono negativamente. El no quiere verme derrotada por lo que no he podido lograr, sino que tiene planes para construirme, hacer de mí una criatura que refleje su amor. No importa lo que haya sucedido en mi vida anteriormente.

“Los llamarán robles victoriosos, plantados por el Señor  para mostrar su gloria” (Isaías 61:3)

Por Linney

Te deseo ~ Sergio Jockymann

•septiembre 19, 2007 • 6 comentarios

Sergio Jockymann - escritor y poeta brasileño

Hoy no escribo yo: cedo la palabra. Es que he leído este poema de Sergio Jockymann, un periodista, escritor y poeta brasileño, y quiero compartirlo con ustedes. Ahí les va:

Te deseo ~ Sergio Jockymann

Te deseo primero que ames,
y que amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que sí es,
sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos,
y que, incluso malos e inconsecuentes,
que sean valientes y fieles, y que por lo menos
haya uno en quien confiar sin dudar

Y porque la vida es así,
te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestiones
tus propias certezas. Y que entre ellos,
haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro

Te deseo además que seas útil,
más no insustituible.
Y que en los momentos malos,
cuando no quede más nada,
esa utilidad sea suficiente
para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante,
no con los que se equivocan poco,
porque eso es fácil, sino con los que
se equivocan mucho e irremediablemente,
y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no
madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer
y su dolor y es necesario dejar
que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
que la risa diaria es buena, que la risa
habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras,
con urgencia máxima, por encima
y a pesar de todo, que existen,
y que te rodean, seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.
Pero siempre tendras la oportunidad de llevar una palabra de consuelo.

Te deseo que acaricies un perro,
alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero
erguir triunfante su canto matinal,
porque de esta manera,
te sentirás bien.

Deseo también que plantes una semilla,
por más minúscula que sea, y la
acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuantas vidas
está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,
porque es necesario ser práctico,
Y que por lo menos una vez
por año pongas algo de ese dinero

frente a ti y digas: “Esto es mío”.
sólo para que quede claro
quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno
de tus afectos muera, pero que si
muere alguno, puedas llorar
sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre,
tengas una buena mujer, y que siendo
mujer, tengas un buen hombre,
mañana y al día siguiente, y que cuando
estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar,
no tengo más nada que desearte.

La primera bienaventuranza

•agosto 24, 2007 • Dejar un comentario

Por Linney

Dos escrituras que relaciono en el tema de la conciencia de la condición espiritual y la realidad misma de esta condición.

Dichosos los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. (Mateo 5:3 VP).

Cuando leo esto me pregunto sobre estos pobres, ¿aquí Jesús habla sólo de los que efectivamente son pobres espiritualmente o de los que están conscientes de su pobreza? Este pedazo no lo especifica. Solo me hace pensar que Dios tiene la disposición de hacer algo por el hombre limitado, incompleto, débil, imperfecto. O sea, como si Dios nos estuviera buscando justamente por esa situación que tenemos, y qué mejor noticia que Dios nos esté buscando, tomando la iniciativa para hacer un Reino, su Reino. Conclusión: es casi como una suerte que tengamos esa condición para que Dios quiera salvarnos.

La otra escritura es Apocalipsis 3:17 “Pues tú dices que eres rico, que te ha ido muy bien y que no te hace falta nada, y no te das cuenta de que eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. ¡Wao!!! Ahora sí que no me parece gracioso ser un pobre espiritual. ¡Lo describe tan bien!

Pero fíjate que dice y no te das cuenta… Como si ya el verdadero problema no fuera la miseria espiritual como tal, sino el hecho de no verla, de vivir engañado. No reconocerla equivale a soslayar la acción de Dios, su iniciativa de acercarse a nosotros tal cual estamos y por consiguiente no tener una relación con Él.

Si trato de imaginar lo que significa para mí ser espiritualmente pobre, sería no poder dar nada desinteresadamente, no poder crear nada que perdure, ser estéril, nada bueno saliendo de mí. Ciega: No ver mi maldad, no ver la gracia de Dios, no ver al otro a mi lado sufriendo por mi causa, no hallar el camino que necesito para sentirme bien y darme muchos trastazos casi todo el tiempo.

Desnuda: En el sentido recto me sentiría avergonzada y también vulnerable, blanco fácil del juicio de otros. En el sentido espiritual lo mismo y además desprotegida. Y si por un momento me doy cuenta de que estoy ASI de mal, pues claro que sería lo primero que dice la escritura: desdichada.

Por suerte después de este choque con el espejo vienen palabras de aliento: la solución del problema. (Si no creyera que en Dios todo se resuelve para bien, ¿qué esperanza quedaría?) Por eso te aconsejo (no me obliga) que de mí compres oro refinado por el fuego, para que te hagas rico. ¡Cómo comprar! Yo pensaba que con Dios todo era regalado. Bueno, sin querer tomarlo todo en el sentido recto, porque esto del oro es una metáfora, Es cierto que para tener el tesoro sí tenemos que dejar cosas de este mundo, de otra manera la puerta para entrar al Reino no sería estrecha.

En este punto se levanta una imagen de mi condición dibujada por Dios que nunca se me había ocurrido, que me es familiar en todos sus colores, pero en conjunto me resulta contradictoria, y más allá, dinámica: Soy pobre, y no lo sé, pero soy afortunada porque Dios hará algo al respecto, y cuando lo haga, entonces sabré que soy pobre, por lo que ya, de hecho, seré rica, pero, ¡ay, cuando sea rica o al menos me crea rica espiritualmente… volveré a ser pobre! De manera que, una vez que entro en relación con Dios ya no seré una sola cosa, sino pobre unas veces, rica otras, incluso las dos al mismo tiempo.

Creo que, mientras paso por ESTA vida, nunca entenderé plenamente de qué manera Dios trabaja en mi condición, pero sí creo que siempre lo hace para validar al fin sus promesas. La más absoluta de todas es la felicidad.

Para terminar entiendo de todo esto que la bienaventuranza, ese estado de equilibrio y satisfacción que va desde lo mental y emocional hasta lo físico no depende tanto de lo que tenemos en nosotros mismos, como de lo que sucede con eso que tenemos una vez puesto en manos de Dios, de lo que Dios hace con nosotros si habiéndonos tropezado con él, le aceptamos como Señor, amo, dueño de nuestra vida. El podría tomarla sin pedirnos permiso, de hecho, cuando la perdemos, él se encarga de lo sucederá ulteriormente, pero está esperando, deseando que queramos confiar en él y ofrecérsela voluntariamente.

Una mirada compasiva

•mayo 8, 2007 • 4 comentarios

Ortigas

 

Tuve un compañero de estudios en la universidad a quien todos llamábamos Panchy. Era un muchacho hiperactivo, muy ocurrente, irreverente y las conversaciones con él casi siempre rayaban en lo grosero (cuando menos). Lás más de las veces se comportaba con muy poca madurez. Ciertamente no gozaba de mi aprecio por aquellos tiempos y en general lo evitaba.

Casi a punto de graduarnos nos impactó a todos esta noticia: Panchy estaba ingresado en el Oncológico, con un cáncer de piel bien agresivo que hacía que su cuerpo se llenara de bolas (tumores). A pesar de que había sido operado en dos ocasiones, no respondía a los tratamientos y su estado de salud fue empeorando progresivamente. La última vez que lo vi fue en la graduación. Llegó en una silla de ruedas, con un balón de oxígeno que tenía que usar para ayudar a su ya debilitado sistema respiratorio. Recuerdo que al salir nos encontramos y me tendió la mano y me felicitó. Yo traté de consolarlo como pude. Apenas una semana después moriría.

Nunca podré olvidar su mirada esa noche. Era la mirada de alguien sin esperanza, de quien mira a la vida con profunda reverencia, de quien puede apreciar, ya a punto de perderlo, el increíble don de estar vivo. Me miraba con admiración, como si yo fuera lo que le hubiera gustado ser de haber tenido una nueva oportunidad. Me sentí realmente mal y el recuerdo de este breve encuentro hace que siempre que piense en mi graduación lo primero que me venga a la mente es su figura en silla de ruedas, conversando conmigo en un pasillo del Karl Marx.

Luego me enteré por uno de sus amigos que su madre y su hermano habían perdido la vida muy jóvenes, también de algún cáncer agresivo. Ahora creo que su personalidad estaba profundamente marcada por esa espada de Damocles que pendía, invisible, sobre su vida. ¿Cómo fue que nunca vi esto? Ahora creo que debí conocerlo mejor, hablarle más, darle oportunidades que nunca le di. Simplemente lo observé externamente y me aparté. Callada, prejuiciosa e inadvertidamente lo juzqué y lo condené.

¡Qué bueno que Dios no es así! Él contínuamente está viendo oportunidades en el camino, puertas abiertas por donde entrar, gente clamando en lo más íntimo por provisión espiritual. Si tan solo viéramos como Él…

Ustedes dicen: ‘Todavía faltan cuatro meses para la cosecha’; pero yo les digo que se fijen en los sembrados, pues ya están maduros para la cosecha. Juan 4.35, VP.

¿Qué vemos? ¿En qué está puesta nuestra mirada? Dios nos llama a mirar con ojos espirituales, con ojos compasivos, llenos de amor. No nos llama a fijarnos en quién es el que tenemos delante, sino en lo que puede llegar a ser.

Un día, viendo a la gente del país muy ocupada en arrancar ortigas, miró aquel montón de plantas desarraigadas y ya secas, y dijo:—Están muertas. Sin embargo, serían buenas si se supieran utilizar. Cuando la ortiga es nueva, su hoja es una excelente legumbre; cuando envejece, tiene filamentos y fibras como el cáñamo y el lino. La tela de ortiga sería tan buena como la tela de cáñamo. Picada, la ortiga es buena para las aves; molida, es buena para los animales de cuernos. La semilla de la ortiga, mezclada con el forraje, da lustre al pelo de los animales: su raíz, mezclada con sal, produce un hermoso color amarillo. Por lo demás, es un excelente heno que se puede segar dos veces. ¿Y qué necesita la ortiga? Poca tierra, ningún cuidado, ni cultivo alguno. Únicamente la semilla se cae, conforme va madurando, y es difícil de recoger, pero no más. Con poco trabajo, la ortiga sería útil; se la desprecia, y es dañina. Entonces se la mata. ¡Cuántos hombres se asemejan a la ortiga! —Tras un silencio añadió—: Amigos míos, recordad esto: no hay malas hierbas, ni malos hombres. No hay más que malos cultivadores.

¡Qué inspirador este pasaje de Los Miserables, de Victor Hugo! Es un libro fascinante. Te reto a que lo leas y adquieras de Dios un corazón compasivo de la mano de Monseñor Bienvenu, Jean Valjean, Cosette y Fantine.

Conservadores vs fundamentalistas

•abril 27, 2007 • 7 comentarios

Es práctica común entre los cristianos liberales acusar de fundamentalistas a los que no comulgan con su forma de entender y practicar el cristianismo. Al menos eso parece, si me guío por lo que dicen mis amigos liberales. No voy a detenerme ahora en polemizar con el liberalismo cristiano (no descarto que lo haga en un futuro), sino que voy a aclarar un poco el concepto y en todo caso “casarme” con algún ismo más a mi gusto.

Ya antes les había dicho (a mis amigos liberales): “Si a no creer en lo que creen ustedes y a llevar una vida de santidad se le llama fundamentalismo, entonces AMÉN, yo soy fundamentalista”. Pero viene en mi ayuda Pablo Richard, un conocido teólogo de la Teología de la Liberación, con estos párrafos de su libro Fuerza ética y espiritual de la Teología de la Liberación en el contexto actual de la globalización (Editorial Caminos, La Habana, 2004, p.114):

(…) El fundamentalismo reciente nace como rechazo de la modernidad, de la cientificidad, del estudio histórico-crítico de los textos sagrados. Se absolutiza el sentido literal de los textos, rechazando una lectura hermenéutica y científica de ellos. Se rechaza, además, toda adaptación del texto a la cultura moderna. El fundamentalismo muestra una enorme pobreza teológica y
espiritual.

El fundamentalismo no distingue entre religión y política y es utilizado normalmente con fines políticos. Los textos sagrados, fuera de todo contexto histórico, son utilizados como pretexto para atacar y destruir a todos los “enemigos” contrarios a los textos sagrados del fundamentalismo. El fundamentalismo utiliza los textos bíblicos como arma política, incluso militar. Si el fundamentalismo en sí es irracional, su instrumentalización política sí tiene una
racionalidad. (…) No hay que confundir el fundamentalista con el conservador. El primero es irracional, el segundo es racional, utiliza argumentos teológicos y espirituales. Ambos, eso sí, se oponen a la modernidad y al humanismo.

Ah, vale aclarar que muy raramente se ha llamado “conservador” a algún teólogo de la liberación: la gran mayoría de ellos son bien liberales.

Entonces, la moraleja del cuento: no soy fundamentalista, sino, en todo caso, conservador.

Linney y yo somos novios

•abril 27, 2007 • 1 comentario

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Amigos, quiero compartir con ustedes algo muy especial: le he pedido a una hermana de mi iglesia que sea mi novia y ella ha aceptado. Estoy feliz como una lombriz 😉

Su nombre es Linney y es una hermana muy muy especial. Me fascina su forma de relacionarse con Dios y con los demás. Es intensa, expresiva y profunda. Sale a pelear por un hermano o hermana sin temor a ser herida y sin amedrentarse por lo que puedan pensar de ella. Tiene un corazón de oro. Sí, ya sé, la recomendación viene muy de cerca. Qué le voy a hacer.

Para que completen su ficha: tiene 28 años, estudió francés y actualmente trabaja dando clases en la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de la Habana. Es nativa de Pinar del Río y lleva casi 10 años viviendo en La Habana.

Todo ocurrió en Pinar del Río. Habíamos ido desde el viernes un grupo de tres hermanos a su casa. El sábado por la noche, en un parque de Pinar lleno de gente, conversamos lo que teníamos que conversar y nos hicimos novios. Los amantes de la acción, que se vayan a ver la película del sábado, porque allí no pasó nada más. Le dijimos a su familia de lo nuestro (fue grande la alegría) y temprano en la mañana del domingo regresamos para La Habana. Yo tuve que venir en una guagua antes (cosas de ASTRO), pero fue mejor así porque pude recibirla en la terminal como Dios manda, con un ramo de flores. De ahí seguimos para nuestra reunión dominical y se anunció el noviazgo a la iglesia. Aquí termina mi crónica social.

Hoy es viernes. Llevamos juntos trece días y todavía me parece como un sueño. A diario doy gracias a Dios por traerla a mi lado y pongo a sus pies nuestro noviazgo para que añada más y más a su gloria. Qué les voy a decir: estoy enamorado.